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miércoles, 10 de febrero de 2021

La unificación del conocimiento

Las convenciones tienden a formarnos
esquemas totales. Foto: BAER

La cantidad de sabiduría que poseamos puede ser mucha o poca, pero lo que da valor a ese cúmulo es la conjunción de las ideas al momento de aprenderlas y su coordinación al enseñarlas; en otras palabras, para qué nos van a servir y cómo las difundiremos. Aquí debemos entender que el primer punto es responsabilidad exclusiva del que aprende, pues los planes educativos se plasman bajo una óptica generalizada e impersonal que no tiene recetas de aplicación de los datos que proveen. Tampoco es competencia del docente vigilar el entendimiento particular de sus pupilos, quienes de ser prospectos de profesionales y potenciales ejecutores de las diversas ciencias, se volverán transformadores de su propia realidad.

El conocimiento viene fragmentado, clasificado por disciplinas científicas que exigen para sí, métodos específicos acordes a lo que han conquistado como universos particulares; atrás quedaron los individuos multifuncionales dando paso a especialistas buscadores de detalles minúsculos en elementos o funciones; el todo es vigilado desde diversos frentes complementarios aunque no siempre comunicados. Los regionalismos también existen en las ciencias y el celo más la secresía dictan las reglas del juego en un universo digno del contraespionaje novelado; porque en el fondo, más allá de la obtención de resultados en el conocimiento o en las técnicas en la resolución de problemas, está la sustentación de la verdad.

Vocablo que viaja en carreta en nuestras autopistas mentales, que se enfrenta cada vez con menos herramientas académicas por un entendimiento laxo de la relativización, pretendiendo con ello que la verdad se ajuste a parámetros individualizados dando por resultado, expresiones vagas como “mi verdad”. Y su propiedad no es personal, dado que se trata de un constructo social, es decir, regida por la temporalidad de los grupos sociales, entonces, no es eterna. Como convención, su concepción es total satisfaciendo de primer momento, todas las expectativas de exploración del entorno mientras éste no cambie, dicho de otra manera, la verdad es, como constructo social, adaptativa.

En otras palabras, ser absoluto no significa ser atemporal ni mucho menos, monolítico, tan sólo es una forma de copar todos los aspectos posibles con una explicación. Aquí es donde la puerca tuerce el rabo; pensarán que cada individuo es capaz de “explicarse” lo que la verdad es y, en cierta medida es cierto, pero para hacer eso no utilizamos la verdad misma sino la razón, ésta sí relativa mas no ambigua. El camino de poner en común o socializar la razón nos lleva a la verdad; el ser relativos (explicarnos el entorno de manera individual desde diferentes puntos de vista) no tendría objeto si no se considerara la disposición a la comuna. Como acuerdo social, sólo la verdad nos hará libres. Salud.

Beto

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