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| La transición no termina de cuajar. Foto: BAER |
Un segundo paso para la humanización de los objetos, tiene que ver con la dependencia para la solución de problemas; la memorización de números telefónicos, de direcciones, de fechas importantes o de citas son cosa del pasado con la aparición de las agendas electrónicas, un dispositivo de efímera existencia como aparato individual y que ahora es parte integral de los móviles. Salvo honrosas excepciones, somos varios los que ponemos como pretexto el que no nos marcamos a nosotros mismos para no aprendernos nuestro número telefónico dejando la responsabilidad de recordarlo a una memoria electrónica factible de ser culpada sin derecho a réplica en el caso de olvidar la fórmula para activarla y obtener la información que necesitamos.
Las aplicaciones han ido ganando terreno en lo referente a la vida y tareas cotidianas por la idea que tenemos de ahorrarnos el tiempo para cosas más importantes; los buscadores vinieron a liberarnos de la engorrosa tarea de tener que cargar y hojear una enciclopedia, lo mismo hacen plataformas como Youtube cuando necesitamos aprender o recordar una receta para un pastel, pero ¿qué hacemos con el tiempo ahorrado? ¿Qué haríamos con todo el tiempo libre en caso de llegar a robotizar todas las tareas “menores” como barrer o lavar los trastes? Humanizar las máquinas trae consigo un poco de deshumanización de nosotros mismos; las tiranías de todo tipo inician con la ignorancia sobre qué hacer con el tiempo libre.
La complementariedad cibernética no es en esencia ni buena ni mala, lo malo es la falta de imaginación, producto de creerla una meta y no un objetivo. Avanzar en tecnologías tiene un componente de desarrollo, de potencializar y eficientar nuestras capacidades -no sólo las habilidades- que tienen que ver con la valoración de lo que producimos, más aún con la valoración de los individuos productores, de los tiempos que les toma producir y de su ingenio para concebir el producto. Por supuesto, es más cómodo proyectar nuestras perezas en controles remotos, comandos de voz o listados automatizados, por si acaso lo excedentes temporales van convirtiendo nuestras desconexiones sinápticas en francas y desmesuradas frustraciones. Salud.
Beto

Ya existen robots que barren y trapean , refrigeradores inteligentes que hacen inventario diario y te la envían a tu correo electrónico para que sepas si falta jugo o leche ...Me quedó con cuestionarne que hacemos con el tiempo que ahorramos? Los ahorramos o lo desperdiciamos ?
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