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| Con la degeneración de las neuronas, hasta las tareas más sencillas pierden sentido. Foto: BAER |
De nada sirve retener mucho si los datos acumulados carecen de conexión que sirva para la resolución de problemas; así sean pocos, los conocimientos deben servir también para crear nuevos. Aunque la realidad dicte que, como la vida misma, el conocimiento es cíclico, dado que las áreas que nos hemos diseñado para adaptarnos al mundo, responden precisamente al cómo se va manifestando la naturaleza y en qué parte de nuestros esquemas mentales vamos a insertarlos. Entonces, la información que obtengamos será finita pero los fenómenos no, es decir, los terremotos por ejemplo serán diferentes entre sí, pero los clasificamos arbitrariamente por magnitudes.
La simplificación esquemática permite dos cosas, ña primera, el tener un orden para que a golpes de vista, la información que necesitamos esté siempre a la mano; la segunda, que cuando un fenómeno natural o social se salga de ciertos parámetros, sea identificable de inmediato. Para los que somos acumuladores compulsivos, los esquemas vienen a cubrir la necesidad de tener mucha información ocupando poco espacio, una condición normal en nuestros días. Pero ¿para qué usamos nuestra memoria en estos tiempos de dispositivos electrónicos y aplicaciones que almacenan, clasifican y recuperan información en segundos? Y ¿qué está pasando con nuestros cerebros cuando las encargadas de recordar los cotidiano son las agendas?
Porque hasta alarmas llamativas les ponemos para que nos recuerden que debemos realizar tareas comunes de repetición diaria, algo que las generaciones anteriores censurarían por la imagen de flojera que nos imputarían; en nuestra defensa, sólo diríamos que utilizamos nuestro cerebro en cosas más importantes que el simple recordar fechas o tareas ¡y ni hablar de los números telefónicos! Pero la importancia del uso de la memoria está tomando un nuevo auge dada la proliferación de casos de demencia senil o Alzheimer; nada hay más triste que olvidar quiénes somos, sentir que todo lo que nos rodea carece de sentido y que los rostros se vuelven ajenos. Hay que evitarlo. Salud.
Beto

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