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| Si no entiendo, es por su culpa. Foto: BAER |
Debo dar aquí, cierto crédito al joven pues es lógico suponer que el que esté como titular de una clase, estará preparado para impartirla, sin embargo, en esta ocasión no parecía ser el caso contrario. Por otro lado, la tendencia a soportar (como obligación) cualquier tipo de insulto por parte de un menor, está deteriorando cada vez más la imagen de los adultos, por lo que veo a la expresión “son la generación de cristal” usada por el profesor, como una respuesta desesperada de alguien que no comprende cómo es que su contraparte ignora la magnitud de sus palabras. Dicho de otro modo, nadie quien no haya cumplido con los procesos que llevan a una persona a convertirse en un profesional, tiene derecho a cuestionar la integridad de quien sí lo sea.
Por otro lado, la responsabilidad del profesor, como dijo el muchacho, sí es enseñar, hacerlo de la manera que les sea más accesible el conocimiento a sus alumnos y estar preparado para allanar las dudas que puedan surgir. Pero hasta ahí; el aprendizaje es totalmente responsabilidad del discente. Nadie en sus cabales, puede pretender que cada individuo aprendió gracias a otro; es cierto que las acciones de un maestro guían hacia el aprendizaje, pero sólo el alumno sabrá lo que captó y le será útil posteriormente. Ni siquiera se estará seguro del aprendizaje ajeno con los resultados obtenidos en exámenes, aunque se usen diferentes tipos de reactivos.
Si se proponen preguntas cerradas, lo que se estará midiendo será la acumulación de datos en la memoria; si éstas son abiertas, se cotejará el entendimiento y hasta cierto apego a los contenidos observados; si se aventura a realizar preguntas de opinión, se probará un poco de la cualidad de razonamiento alcanzado. Las tres conforman el aprendizaje, pero ninguna es más importante que las otras, ni garantizan el uso adecuado del conocimiento por parte del alumno, entonces deberíamos empezar a aceptar que el docente no necesariamente tiene la culpa de que sus alumnos no aprendan, ni tiene el toque o una varita mágica para que lo hagan a pesar de que no quieran esforzarse para lograrlo. Salud.
Beto

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