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miércoles, 21 de octubre de 2020

Utilidad de las tareas

La imaginación sin disciplina, suele volar
sin rumbo. Foto: BAER

Yo tendría que decir que sí son útiles ya que crecí con ellas, a pesar de que el tiempo invertido en su resolución, se me escapaba creándome historias sobre seres fantásticos en aventuras que nada tenían que ver con lo que los maestros habían encargado. Lo peor del caso es que nunca les vi la razón de ser, al menos no a las ciencias exactas ni a las biológicas, pues estaba seguro de que no tendrían que ver conmigo en lo profesional. El tiempo se encargaría de hacerme ver mi error. Debo conceder a los maestros que se empeñaron, un gran crédito en ello.

En días pasados se abrió una discusión sobre la pertinencia de las tareas, algo que tiene que ver mucho con su utilidad, claro, pero también con el papel que juegan los niños en nuestras sociedades; como rezaba un anuncio publicitario de un antigripal, si mal no recuerdo, no son adultos chiquitos y los argumentos en contra de dejar trabajo para casa va por ahí. Por supuesto, como derecho primordial, deben tener tiempo de ser niños, lo cual en términos románticos implica que deban jugar, activar su imaginación y tener responsabilidades adecuadas a su edad.

¿En México? Debemos recordar que la mayor parte de los esquemas de educación pública, se adaptan del extranjero y en esta ocasión, se compara al nuestro con el sistema finlandés, así que la pregunta se mantiene. Si se toma en consideración la capacidad, es indudable que los niños mexicanos la tienen, no es casualidad que varios de ellos hayan competido en foros internacionales con muy buenos resultados. No, la cosa no es por ese lado. Tiene que ver más con un sistema económico que exige tener más de un empleo para vivir decorosamente, sin garantía de ello.

Un esquema que impide a padres y madres pasar tiempo de calidad con sus hijos, por lo que deben dejarlos al cuidado de otros o de plano, solos. Un marco en el que, al no haber disciplina, la distracción es lo único atractivo para paliar el tiempo, un tiempo áulico desperdiciado en tratar de mantener un orden monástico que no ha funcionado desde la década de los setenta. Con ese panorama, un maestro preocupado por el desarrollo académico de sus alumnos, si no ha percibido atención en su clase, no ve más opción que dejar tareas, con el beneplácito de los papás que esperan con eso mantenerlos quietos. Salud.

Beto

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