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| La ignorancia del otro, nos aleja de nuestra propia humanidad. Foto: BAER |
Desde la visión humanista, cualquier papel que desarrollemos debe tener una proyección global, dirigida a todo el mundo, es decir, que para lo que seamos buenos, sirva a cualquiera sin menoscabo de esfuerzo o recursos, puesto que todos merecemos la mejor de las atenciones. El bueno de Carl, coherente a estas afirmaciones, intentaría taladrar un hueco en nuestra mente para rascar ahí donde donde nuestras intenciones se distraen dejando que las funciones básicas tomen el control de nuestras vidas, oponiéndose de esa forma, al gran supuesto que es el desarrollo de nuestras capacidades como seres humanos pensantes y sensibles sobre las necesidades de nuestros semejantes.
Con su mirada profunda pero amable, no nos dejaría más opción que ser honestos; claro está que no sería inquisidor ya que su formación le permitiría comprender las limitaciones actuales que nos mantienen en el estado de desconfianza casi endémico. Nos recordaría que somos la medida de lo que conocemos y por ello, es nuestra responsabilidad mantenernos en armonía con lo que nos rodea. Eso significa un giro en la concepción del sentido de pertenencia en las opciones que se nos han presentado siempre en forma de regionalismos, de clasismos o racismos, apuntalados por subdivisiones como la escolaridad, el deporte o la edad y las posibles combinaciones entre ellas.
Ser humanista no es una postura romántica salpicada de hippismo atareada en la contemplación de un universo utópico, representa por el contrario, una acción responsable con la cual buscar aprendizajes que nos signifiquen incluso, crecimiento espiritual; el autoconocimiento propuesto desde la interiorización de las enseñanzas voluntarias o involuntarias de los demás y asimismo, la reproducción de las mismas en las generaciones que nos suceden. Carl Rogers podría seguir caminando a nuestro lado, seguramente señalándonos las acciones que realizamos apegados a estos ideales, que nos fabricarían un marco de valores que termine por humanizarnos de verdad. Salud.
Beto

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