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miércoles, 9 de septiembre de 2020

Atar a la rata

Ojalá el conocimiento se pudiera
amaestrar. Foto: BAER
Difícil es andar un camino y regresar sobre los mismos pasos, cualquier variación dará por resultado una vereda distinta y una posible nueva manera de andar; lo anterior puede usarse como justificación para cualquier cambio en nuestro estilo de vida, algo irreversible al que debemos encontrarle una causa o un culpable. La circunstancia actual está colocándonos en la necesidad de ajustar nuestros recursos regulares en todos sentidos, incluso el uso del tiempo que, al ser no renovable e irremplazable, no permite reconsideraciones continuas debido a su inexorable goteo.

El conocimiento tiene un esquema semejante pues con los cambios tan vertiginosos, principalmente en las tecnologías, la forma de concebir el mundo no puede quedarse en una pieza y cada vez que se ajusta, enfrenta el destino del cuchillo del abuelo. Para quienes desconozcan la historia, les contaré; érase un anciano que tenía en propiedad un cuchillo de hoja finísima y un mango con incrustaciones de concha; al morir el viejo, heredó el cuchillo a su nieto que más apreciaba la pieza. Éste se alegró mucho y prometió darle el mejor uso que honrara la memoria de su abuelo.

Con el paso del tiempo, después de tantas pérdidas de filo y reafilados, la hoja se desgastó al grado de la inutilidad por lo que su dueño decidió cambiarla cuidando que la nueva fuera de la misma calidad. Así lo hizo y durante un corto lapso estuvo a gusto con ello, sin embargo se dio cuenta de que el mango no hacía buen juego por lo opaco y rayado que había quedado con el uso, por lo que decidió cambiarlo por otro nuevo que no demeritara el brillo de la hoja. Al ver lo bien había quedado, no resistió las ganas de presumir a sus amigos el mejorado cuchillo del abuelo.

Así el conocimiento, cada cambio lo vuelve otro y se comporta como una rata que salta de donde menos se espera, corre entre los rincones que le adaptamos con el mobiliario de nuestros razonamientos y rara es la vez que vuelve el camino dando exactamente los mismos pasos. Aprender y crear conocimiento no es un ejercicio palindrómico, los accidentes en las lecturas, los métodos, las interpretaciones, lo convierten más en una aventura que en un trabajo detrás del buró. Algo que no se lee igual al derecho y al revés como el título de este escrito. Salud.

Beto

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