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miércoles, 5 de agosto de 2020

24 de agosto muy presente tengo yo

Un caso para la araña. Foto: BAER
M
i yo conspiranoico se manifiesta de nueva cuenta; una gran parte de la importancia en la instrucción académica es la socialización entre iguales pues ello implica, además de confrontar comportamientos, el intercambio de ideas en un nivel más cercano que lo que proponen los libros de texto o los manuales de procedimientos. Muchas veces tal despliegue de iniciativas ha ayudado a la comprensión y resolución de problemas de una manera más satisfactoria que permite la identificación plena con el plantel y su consecuente sentido de pertenencia, por efecto de la complicidad grupal.
Esto no funciona nada más para los alumnos, tanto el personal académico como el administrativo y el de servicios requieren de la convivencia con sus iguales, aunque ésta se dé a ratos; así como en el microuniverso que es la escuela, en las comunidades enteras la fuerza del pueblo se manifiesta con las relaciones sociales. Una sociedad aislada es presa fácil de la manipulación, es un conductor del rumor y la reacción irracional, es un simple grupo sin identificación como parte de un todo. El otro no existe, salvo como un potencial peligro o la consecuencia lógica de la barbarie que observamos en los medios.
Si la situación que padecemos fuera la imposición de un nuevo orden mundial, no nada más para reducir el número de habitantes en el planeta, sino para que la población restante oponga una resistencia mínima (o nula) a posibles nuevas directrices de consumo, de trabajo y de aprendizaje, nos encontraremos entonces en uno de los pasos iniciales de segmentación social por medio del academismo. Las selecciones vía el dinero como los estratos, el encarecimiento de los bienes y servicios o la interminable escalada para conseguir avales profesionales, están sirviendo de poco y las tenazas de la dominación no alcanzan.
Cada vez somos más y el riesgo de revueltas o formación de resistencias armadas está escapando de la simple posibilidad. Ya no son suficientes las simplificaciones de los programas de estudio implementados desde los setenta del siglo pasado, ya se ha alzado la voz en contra de la baja de autoridad del maestro, la continuación parece ser la diseminación de las aulas mediante la creación de burbujas de aislamiento, pero que mantengan los requisitos de escolarización e inserción en un esquema laboral esclavizante. ¿Qué sigue, la quema de libros? Conexión bradburiana, fuera. Salud.
Beto

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