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miércoles, 15 de julio de 2020

Buenas intenciones

Tic, toc, el tiempo avanza leeen tooo... Foto: BAER.
Dejó de ser un problema de salud nada más para convertirse también en un problema de educación; fuimos dando los pasos necesarios y suficientes, como sociedad, para que nuestro gobierno siguiera lanzando declaraciones encontradas sobre los plazos en los que debemos mantenernos encerrados. El rasgo educativo al que quiero hacer referencia es la poca solidaridad que evidenciamos, ya sea por la poca seguridad ofrecida en el país, la economía dependiente a la que estamos atados, a las necesidades no satisfechas que en conjunto ha ido conformando una relación basada en la sobrevivencia más que en el aprendizaje.
Cierto es que hemos disfrazado la indolencia con el tratar de no meternos en problemas, el no interferir en la vida de los demás o el consabido “no andar de chismoso”, poco logrado pero vigente. Resultado, todo lo anterior, por el mal entendido individualismo basado en la satisfacción de necesidades básicas inmediatas, que no representan en este tiempo ningún problema ético, mientras dicha satisfacción no opere en nuestra contra. Porque la libertad que nos hemos fabricado no parece tener fronteras y, ni siquiera, está bordeada por ningún tipo de justicia.
No pensamos en los demás, porque los demás no tienen rostro, los demás son sólo números que aparecen en las tragedias de manera tan ambigua que se vuelven fácilmente olvidables. Si esto lo aunamos a nuestra tendencia arraigada de no responsabilizarnos y buscar culpables en otros que no sean dignos de nuestra condescendencia, obtenemos el caldo de cultivo perfecto para el ejercicio del abuso, el disimulo y la corrupción, algo a lo que nos hemos acostumbrado con la resignación digna de un santo medieval, cuyo sacrificio sirve ahora para dos cosas.
Este encierro debería servirnos para evaluar si lo que sabemos, avalado o no por papeles, ha servido para convertirnos en mejores personas, para que dejemos de ser buenos religiosos patriotas de clóset, para que entendamos que lo que hacemos o dejamos de hacer, afecta a todos y tarde o temprano, esas acciones cobran factura. Por lo pronto, al parecer, las cosas no cambiarán en el futuro inmediato, ni con las luces del semáforo sanitario, así que debemos prepararnos para una virtualidad más prolongada, aunque la salud mental esté comprometida. Salud.
Beto

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