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| Razonar o memorizar, dos caras de la misma moneda. Foto: BAER |
La práctica hace al maestro, reza el refrán con toda la verdad de la experiencia (la redundancia es a propósito) pues en mayor medida tiene un buen grado a importancia a la hora de aprender algo; tanto nuestro cerebro como nuestro sistema muscular, requieren de la repetición para que algún evento quede fijo y seamos capaces de replicarlo las veces que sea necesario.
La idea de que se usara la memorización como herramienta pedagógica en el pasado, respondía a la necesidad de alfabetización rápida de una población que, después de la revolución, no alcanzaba un porcentaje significativo de escolarización, pero que se mantuvo como práctica áulica más tiempo del que hubiera sido deseable, al grado de vérsele como algo contraproducente desde los ochenta.
Hasta la fecha, se tiene como verdadero que la memorización sólo mecaniza datos y que lo mejor para tener un aprendizaje significativo, es aprender a razonar; sí y no. El gran pecado que tuvo el sistema anterior, fue el no haber explicado por cuánto tiempo ni para qué serviría memorizar, ya que resulta innegable que ésta suele ahorrar tiempo a la hora de comparar datos.
El error de los sistemas actuales, es dejar a la memorización en un estadio de acción repetitiva, sin explicar la diferencia con la memorización activa, necesaria para un razonamiento efectivo. Aprender requiere de ambas acciones y quizá, la memoria sea el resultado del razonamiento, lo cierto es que cuando sistematizamos una de esas prácticas por sobre la otra, lo único que logramos es la parcialización del conocimiento. Salud.
Beto

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