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miércoles, 18 de enero de 2017

Es lo que yo decía

Yo en realidad no estoy viejo, tengo la juventud
acumulada. Foto: Baer
Tuve la suerte, ayer, de que uno de mis diez lectores me cuestionara sobre la expresión que utilicé en uno de mis escritos en días pasados; le dio curiosidad por saber a qué me refería con ella y si mi intención era peyorativa. Me tomo la libertad de aclararlo en este humilde pero aguerrido espacio, que intenta ser educativo aunque no esté inserto en ningún sistema ni tenga aval de la SEP.
Al expresar, como lo hacía Raymundo Sánchez, que los mexicanos somos "hijos de la ambigüedad", trato de ubicar la confusión consuetudinaria en la que cómodamente vivimos como sociedad y creemos que relatividad es su sinónimo. Einstein ha de carcajearse todos los días y André Breton, padre del surrealismo, lo acompaña brindando por saber que existe un país que comprueba sus ideas.
Aunque tal prueba nos tenga en vilo, pues con nuestra terquedad a no comprometernos con lo que decimos y/o creamos, no damos espacio para la confianza; me explicaré, somos capaces para establecer límites a todo, sabemos que funcionan, que son necesarios y que las consecuencias de ello nos permitirían a la larga, tener una mayor tranquilidad y un mejor novel de vida.
Pero la necesidad de lo inmediato nos nubla la razón y perdemos las mejores oportunidades en "suavizar" todo para no ser tan ¿"cerrados"? y caerles lo mejor posible a los demás. Por ejemplo, cuando no queremos admitir que estamos en una relación formal, nos inventamos términos ambiguos alegando que todo es relativo. ¿Les suena la palabra "amigovios"? Y todo por escondernos de nuestra realidad. Salud.
Beto

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