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miércoles, 20 de mayo de 2015

De viejo... payaso

El puesto no da la educación. Lástima de ropita.
Foto: El Heraldo
El entretenimiento va de la mano de la manera en que se usan todos los recursos, así como en la educación; para ser bueno en ambas cosas, la imaginación, el impacto y la oportunidad son indispensables a la hora de decir un chiste como en el momento en el que se desea enseñar algo, cualquier dato. El infortunio está en que no siempre se tienen las tres.
Por su naturaleza y por los contenidos que manejan estas dos formas de ganarse la vida, pareciera que no es posible que se junten y que el único permiso que se tiene en el aula es usar alguna broma como recurso para relajar un poco el ambiente que se haya impuesto en una clase; del otro lado, pareciera ostentoso que un comediante se proponga, como recurso, enseñarnos algo.
Salvo muy honrosas excepciones, casi nadie ha logrado juntar ambos lenguajes (el cómico y el académico) como una forma de enseñanza; el humor desaparece en el aula por la solemnidad con la que debe ser tratada y en un teatro parece prohibitivo usar datos que huelan a didáctico. Pero en algo sí se juntan: cada día, el lenguaje usado en los dos ámbitos, se depaupera.
Sin buscar culpables, en el aula se pueden escuchar en repetidas ocasiones, palabras que intentan englobar diferentes significados y con ello, ahorrarse tiempo en explicaciones; en el ámbito de la comedia, el recurso más utilizado en ciertos círculos (principalmente la red) es parecer rudo por la repetición de palabras altisonantes.
Los arcaísmos en el español que usamos en México, se han incrementado pues no usamos (por flojera), términos que anteriormente eran del dominio público. El resumen de este problema lo protagonizó Lorenzo Córdova Vianello, quien además de señalarlo por burlarse olímpicamente de una minoría, debería ser sancionado por el pobre lenguaje exhibido. Los nacos saltan de donde sea. Salud.
Beto (BdI)

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