| Más que desarrollo humano, es la acumulación de conocimientos. Foto: Baer |
El tiempo en que el magisterio era un apostolado tuvo una efímera existencia; los próceres de la educación en México deben estar retorciéndose en sus modestas tumbas. Y no me refiero solamente a las marchas de la sección 22 de la CNTE, sino a todo lo que dejamos de hacer por encontrar un sistema formativo de las nuevas generaciones.
Quizá lo que vivimos en estos días sea la consecuencia (lógica o no) de todas las oportunidades que ignoramos como país y que nos hubieran proveído de las herramientas necesarias para crecer como nación. Sí, aún pienso que la solución a todos los problemas de inseguridad, de falta de empleos, de mala distribución de la riqueza, es la educación.
Pero no los tipos por las cuales hemos optado y que han ido desde la universalización y uniformación de una idea aglomerante, hasta la transformación de potencialidades en formas únicas de tecnificación reemplazante de maquinarias transnacionales. Pasamos de visiones deificantes de una identidad no resuelta a la cosificación masiva de facultades mentales.
Las aulas entonces, han dejado de proveer de soluciones, han postergado y retrasado el desarrollo del pensamiento, se han convertido (desde hace mucho) en jaulas que mantienen ocupados a los brazos que deberían integrarse lo más pronto posible a la vida productiva. Pero ni hay espacios de empleo, ni se busca promover los potenciales contenidos en cuatro paredes. Seguimos el mismo camino. Salud.
Beto
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