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| ¿Sólo los niños deben ser evaluados? Foto: Ana Vargas |
Decir que la evaluación de los educadores en México no es lo óptimo que se desea, es pan de cada día; si esto lo dice cualquiera de los funcionarios públicos nacionales, resulta en un "mea culpa" poco creíble, pues lo que se ha hecho para contrarrestar el atraso educativo ha sido muy poco. Pero ya cuando lo dice Andreas Schleicher, director de educación de la OCDE, ya cala.
Veo aquí dos fenómenos con los que no hemos querido lidiar, por negligencia, por no tener idea o por no convenir a quienes manejan los destinos nacionales. Vaya usted a saber. Pero de que hemos postergado el poner orden en el territorio, lo hemos hecho; y podemos echarle la culpa a cuanto distractor nos tragamos diariamente... o a nosotros mismos.
Por un lado, se nota que ni en el extranjero se tiene confianza en el tipo de egresados que se obtienen en las diferentes normales del país, algo totalmente contradictorio, pues se infiere que de nada sirve pasarse cuatro años aprendiendo lo más vanguardista en materias didáctica y educativa (disculpen la ironía) por lo que se les debe vigilar en su avance metodológico.
Por el otro, se sugiere que dentro de la currícula normalista, no se les capacita a los futuros maestros para buscar por su cuenta las mejores herramientas y así enfrentar -cada cierto tiempo- los cambios que se puedan operar en su entorno, en los contenidos y en las formas de transmitir y evaluar los conocimientos requeridos por el país.
Y para colmo de males, los mismos maestros no confían en lo que se supone, aprendieron en la escuela. Su negativa a ser evaluados sólo da un tipo de mensaje a la sociedad que, se supone, deben servir: quieren ocultar sus deficiencias. Esos mismos expertos en evaluar a otros, son quienes no entienden que una evaluación, además de necesaria, no se trata de un simple examen. Salud.
Beto

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