| Mucho de lo que tenemos como tesoros, está en las iglesias. Foto: Baer |
Este salón está de vacaciones y los alumnos no tienen para cuándo volver; los destinos de playa deben estar ya atiborrados de gente que salió a primera hora del viernes a relajarse, aglutinar un poco más de tejido adiposo y tostarse con el sol. Por fortuna, los frentes fríos aminoraron su enjundia y permitieron desde estos días ver con mayor claridad los horizontes.
Habrá quienes, como un servidor, no salieron y están descubriendo que la paz y la tranquilidad existen aunque sea por cortos periodos de tiempo, lo que permite deambular por las calles descubriendo cosas que la cotidianidad no permite ver. Los recintos culturales serán buenos lugares donde invertir el tiempo libre o comer en aquellos otros donde no nos hemos metido antes.
No estoy como para recomendar, pero seguro es una buena idea que salgamos de las rutinas puestas o autoimpuestas, con lo que logremos entender las bondades de hacer los que hacemos diariamente, claro, sin descuidar lo que atesoramos como educación en todas sus formas: vial, cívica, deportiva, etc. e inclusive, descubrir que el lugar que habitamos tiene historia.
Así entonces, si sus maestras no les dejaron tarea, remanguémonos las camisas y salgamos a respirar el aire que nos dejaron los que se fueron a otros lugares. Siempre hay algo distinto en las alamendas, los parques, los callejones o las plazas, porque sin el ánimo de convertirme en ave de mal agüero, terninándose estos días, no hay de otra que regresar a la chamba. Laborioso y todo, salud.
Beto
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