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| ¿Y si de verdad funcionara la Reforma? |
Gabino Barreda deberá perdonarme, pero su idea de un país educado ha caído en un terreno que no ha estado preparado para ello en ningún tiempo; no mencioné a José Vasconcelos en un inicio porque sus parámetros me parecen un poco más románticos y, aunque podrían ser el antecedente de los ideales actuales, estos han desvirtuado en mucho lo que aquel ilustre pensador proponía.
No supimos soportar la competencia que propuso el primero, ilustrado a la vieja usanza, que parecía no tener conmiseración con quienes no fueran productivos y fue cuestionado y rebatido por el segundo para que las oportunidades se abrieran para todos -al menos en la teoría- pero como observamos en los años posteriores, las intenciones de ambos se vinieron a pique.
Menciono que no soportamos la competencia, ya que los contenidos se han venido devaluando conforme han pasado las décadas y, al parecer, ya no nos hacen con el mismo número de neuronas que antes o las fechas de caducidad de los cerebros se han visto reducidas a una temporalidad mínima. Quizá, en otro sentido, a pesar de todas las crisis, nos encontramos en un hueco de confort.
Para colmo, desde el sexenio de Salinas, nos hemos visto involucrados en un juego de mantenimiento de la globalización semejante a una partida de Marathón, en donde lo usual es que gane la ignorancia, algo que se puede entender desde la perspectiva de la desinformación de lo importante apoyada de la sobreinformación de lo urgente impuesto de forma artificial.
El querer pertenecer al primer mundo nos ha estado costando mucho en lo económico, social y político internos, porque mientras se quiere dar una imagen de solvencia en todos los rubros, hacia el interior estamos soportando una serie de eventos que ya tiene matices de revuelta social. ¿Nos daremos cuenta algún día que al FMI sólo le importa que apoquinemos y no nuestro desarrollo? Salud.
Beto.

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