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miércoles, 21 de mayo de 2014

Prédica culinaria

¡Entrándole  con fe!
En días pasados gozamos de la visita de una comitiva de entusiastas nutriólogas que nos hicieron el favor de explicarnos lo importante que es seguir las indicaciones del plato del buen comer; al igual que en los años anteriores, mis alumnillos de indias pusieron cara de "eso ya lo vimos" y no es porque yo sea un ducho en la materia, sino porque ellos pasaron esa lección bastante rápido.
Pero hubo un detalle hizo que al menos el sector masculino, incluido el maestro, estuviera atento a la plática fue que una de las expositoras era bastante atractiva. No tengo idea de si saliéramos bien librados en un examen sobre los temas que nos dieron, pero sí debo agradecerles que por lo menos mantuvieron a los chiquillos de una pieza y a un servidor descansando un poco la garganta.
Mientras eso sucedía, pensé en las probabilidades de que en una escuela se diera la coincidencia de que la apariencia física fuera acorde al tema a tratar, ya que éste se trataba de mantener una buena salud y, por consecuencia, un buen físico y además tuviera como resultado una buena atención por parte de los alumnos. Gracias a esos momentos pude palpar el impacto.
Lo menciono como coincidencia porque inmediatamente se me vino a la mente algo que escribí hace algún tiempo para mi tesis de licenciatura y tenía que ver precisamente con ello, me hacía la pregunta de por qué si la mayoría de los sexólogos mediáticos eran -en su mayoría- tan poco agraciados y aparentemente, poco atractivos para el sexo opuesto, teníamos que creer que eran expertos en la materia.
De todo el contingente de expertas en nutrición que nos llegaron, sólo una parecía seguir los consejos que nos estaban dando. No demeritaré el gusto por la diversidad de físicos, pero es cierto que, cuando se va a exponer sobre el bien alimentarse, lo mínimo que se debería procurar, es parecer bien alimentado. Excepto a la que hago referencia, a las demás se nos antojaba más invitarles unos tacos de carnitas. Salud.
Beto

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