| La base lectora tambalea. Foto: BAER |
Desgarrarnos las vestiduras no nos haría subir en la clasificación mundial, pero sí se impone una revisión (sí, una más) de los programas educativos nacionales. Al parecer no hemos atinado con un estilo, sistema o modo de educar a nuestras generaciones. Los contenidos no parecen ser los adecuados ni la manera de impartirlos. Estamos creando una brecha donde el vacío impera por sobre la curiosidad y el deseo de aprender.
Ha habido averiguación, en general, sobre imposición de estructuras didácticas provenientes del exterior; no han sido las idóneas ya que nuestros pasos son cada vez más erráticos y el argumento más sonado es que se implementan los modelos que se han demostrado obsoletos en esas latitudes.
El camino debe ser trazado sobre lo que sabemos de nosotros mismos como pueblo o, mejor aún, sobre lo que sabemos de este mosaico de culturas que llamamos México. La diversidad no está fuera de nuestras fronteras, la hay aquí, variada y muy rica.
Beto
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