Platicando con padres de familia, maestros y padres que son maestros, puede uno darse cuenta de que las perspectivas cambian según sea el papel que asumamos; cada uno de nosotros defendemos nuestro punto de vista de acuerdo a las circunstancias que estemos viviendo, tratando de ubicar una individualidad que no resiste una crítica seria.
La empatía no tiene cabida cuando las perspectivas se transforman en trincheras; "trabajo en conjunto" es un concepto nebuloso en una sociedad que ha malinterpretado la división social del trabajo. No se ha pensado en que las actividades personales deben ser complementarias de las actividades de los demás. Es entonces ahora cuando debemos voltear la mirada hacia la comprensión de las tareas que realizamos como padres y maestros, no para delimitar horarios, ni siquiera para establecer "especialidades", sino entender que las tareas complementarias no reconocen fronteras en cuanto al compromiso.
Nadie, en ninguna de las etapas del desarrollo infantil, es un balón al que hay que mandar a la cancha contraria para echarle la culpa a ningún oponente; la educación es un constructo en el que las tareas se conjuntan en un único universo, así, todos tendremos la autoridad moral para exigir del otro la parte del compromiso que le corresponde.
Beto
No hay comentarios.:
Publicar un comentario