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domingo, 5 de diciembre de 2010

Cada quien su papel

La educación de valores tiene como preámbulo a la educación en la cotidianidad. Hay distractores que no sólo nos hacen evadir responsabilidades, sino que también nos apartan del disfrute de lo común, haciendo que las cosas y los momentos que vivimos, se vuelvan cada día más invisibles.
Las expresiones de fastidio en nuestros jóvenes pueden tener ese origen quizá; las experiencias que puedan tener se muestran descafeinadas, sin sabor. Todo está hecho para ellos y no tienen oportunidad de fabricarse su propio entretenimiento, sólo deben sentarse y otro decidirá qué es la diversión. Nadie les hace ver lo maravilloso de lo cotidiano por lo que, si bien les va, deambulan con una somnolencia típica de un zombie, lo que nos hace entender el porqué únicamente reaccionan a la estridencia.
Al mismo tiempo, el ataque a los sentidos les hace ser hipersensibles a su realidad; no suelen soportar un enfrentamiento directo, no encuentran explicaciones coherentes a su accionar, les resulta casi imposible que, cuando deben responder a algún compromiso, lo único que se les ocurre es buscar culpables fuera de su contexto inmediato. No a todos les ocurre, por fortuna, pero son un buen número.
Es falta de educación, es falta de atención a lo que debieron aprender en casa, es creer que educar significa hacerse amigos de los hijos. Algo debe quedar claro, un amigo no te mantiene ni vela tu sueño cuando estás enfermo, tiene la oportunidad de irse cuando lo requiera; un padre o una madre, no. Por ello, la educación es responsabilidad de los padres, de nadie más.
Beto

1 comentario:

  1. Nos hace falta hacernos responsables de nuestros actos... Bueno, je quizá a mi me haga falta ser irresponsable ja, ja, ja, ja... Considero (sin afán de juzgar) que actualmente los padres ya no se preocupan igual por sus hijos, las mamás se van al cafecito con la amigas y prefieren que los hijos sean cuidados por la abuelita, el papá que jamás está en casa y pretende compensar dicha ausencia con algo material o momentario... Mucho de esto tiene que ver con la falta de educación. Además de que como mencioné en el primer caso, se tiende a ver dobles figuaras de "autoridad", y entonces "¿a quién le hacemos caso?"

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