No es una forma de pastoreo, tampoco es llenar requisitos como máquinas procesadoras de información, ni siquiera -mucho menos esto- una manera sencilla de obtener un papelito. La realidad es que la educación a distancia (semiescolarizada, a distancia propiamente dicha, abierta, etc.) requiere de un compromiso mayor en cuanto a concientizarse sobre el papel que debemos tener como estudiantes. No hay gendarmes, titulares, pilmamas o figura maternal que se le parezca. La dirección de esta actividad en específico, tira hacia la autoeducación.
Aprender a aprender, como máxima de la instrucción escolarizada, en una de estas modalidades, adquiere dimensiones superlativas dentro del marco del desarrollo propio. Es la oportunidad de medir nuestras fuerzas y ver con ello, si somos capaces de entender nuestro papel específico en un grupo social. Se está solo, pues la compañía del facilitador es eventual; hay que enfrentar a los textos, a las imágenes, a los contenidos, a la información en general, de manera que nuestro entendimiento sea moldeado por la única persona que estará con nosotros todo el tiempo: uno mismo.
Este esquema es el resultado del camino natural que debe llevar toda educación, solamente que, para efectos del desarrollo nacional, se ha implementado anticipadamente como un método antes que entrar en nuestras mentes a manera de convencimiento. Esto último lo explicaré en otra ocasión.
Beto
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