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viernes, 22 de octubre de 2010

En títulos hay clases

Los deseos de Sierra o Vasconcelos podrían verse violentados a la hora de comparar sus notas con las prácticas actuales de enseñanza. El supuesto apostolado que deberían tener los profesionales de la educación, ha cedido su lugar a una especie de mercenarios que han tergiversado los ideales de la escuela en general.
¿Perversiones magisteriales? Lo dudo. Si tratamos de hacer una observación seria de la actualidad, veremos que los factores que han convertido a la enseñanza en una trinchera partidista tienen como sustento la mala distribución de plazas y sueldos. Situación que han aprovechado divinamente quienes ven en el magisterio, una forma cómoda de solventar sus caprichos y vender empleos al mejor postor.
Por otro lado, la tendencia desde el sexenio de Carlos Salinas, de impulsar a la educación para cumplir con los perfiles exigidos por el Banco Mundial, ha traído como consecuencia el abaratamiento de los programas de estudio y sus contenidos de la mayor parte de las escuelas surgidas a partir de ese tiempo. Esto último redunda en el aumento indiscriminado de planteles sin un plan definido, surgidos con el único argumento de que son un buen negocio.
El caso extremo está en aquellos profesionistas que invierten parte de su tiempo en la docencia; no sólo no pueden emplearse como lo que son tan fácilmente, sino que además deben malbaratar sus conocimientos en aras de mantener un estatus que cada día se ve más lejano.
Así entonces, la competencia no ha sido justa desde los ochenta del siglo pasado; si la situación sigue con este tenor, deberíamos pugnar por establecer jerarquías por portación de títulos y no únicamente por grados obtenidos.
Beto

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