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| Desde abajo se ve muy fácil. Foto: BAER |
Esta misma práctica fue la que nos impuso el esquema de que lo sucedido fuera del centro, carecía de importancia; el caso de nuestro país es de lo más curioso, casi puede hablarse de cierta veneración a una cultura que impuso su ignorancia por la fuerza a las demás civilizaciones asentadas con anterioridad en el lago de Texcoco, ocultando así las denominaciones de lugares y de costumbres que podrían darnos actualmente, una visión más exacta de lo que era vivir en lo que ellos llamaron el Anáhuac. Al parecer, el mestizaje no cambió ese esquema, comprobable desde el momento en que muchos habitantes de la Ciudad de México suponen que fuera de sus límites, nada hay que valga la pena, lo que se repite por regiones en cada ciudad grande.
Guanajuato, al igual que otros estados, cuenta con recintos para admirar lo hecho por hombres de la antigüedad o contemporáneos, pero las ciudades que en sí mismas son museos son contadas y en nuestro caso, todas pertenecen a la época virreinal los que es lógico puesto que las ciudades prehispánicas dejaron de ser habitables hace mucho y las modernas responden a necesidades que para nada serán consideradas originales, hermosas o que lleguen a preservarse por mucho tiempo debido a los materiales con las cuales fueron construidas, pues es muy factible que en quinientos o mil años, la mayoría de nuestros edificios hayan desaparecido. Sin embargo, Zacatecas, Taxco, San Miguel de Allende, los centros de México, Puebla o Querétaro estarán allí de pie.
Volvamos al estado, una caminata por los callejones de Guanajuato logra la magia de transportarnos a una época de citas furtivas, música con sonidos medievales y aventuras caballerescas que sólo se ven interrumpidas por las hordas burocráticas que buscan afanosamente lugares para comer y beber; los juglares y saltimbanquis irrumpen desde cualquier rincón, Rocinante relincha a lo lejos bajando hacia la plazuela de San Roque mientras las escalinatas de la Universidad se convierten en un reto para todo tipo de turistas que logran con ellas, descubrir que sus límites no son tan altos como suponían. Cada recinto, cada espacio, están preparados para sacarnos un ¡ah! de sorpresa. Salud.
Beto

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