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miércoles, 27 de marzo de 2024

La distinción del trazo

Posiblemente no seguimos el uso del electrónico
porque perdió encanto. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Escribir rápido no garantiza escribir bien, por el contrario, el no tener una idea clara del para qué sirve cada instrumento de escritura (cada uno de ellos atrapado en la concepción que tenemos de lo obvio), puede llevarnos a cometer algunos errores de apreciación. Entenderemos que ninguno de ellos viene con un instructivo valorativo respecto de sus características, siendo todos englobados en un mismo concepto, así una máquina mecánica o eléctrica sirven para los mismo que una estilográfica, un lápiz o un bolígrafo: para escribir. Si somos benevolentes, habremos entendido que en realidad sí hay una distinción por el ámbito en el que nos encontremos, por el que juzgamos su presencia útil conjuntando practicidad e imagen, es decir, atendiendo al tiempo y a la importancia de cada documento a escribir.

La caligrafía parece haber perdido terreno en favor de los teclados electrónico y mecánico (que también tienen sus reglas), sin embargo, algunos de los otros seguimos apreciando el atrevimiento de otros al plasmar a mano, los textos que desean compartir con los demás; la admiración que expreso se debe al hecho de que dentro del sistema educativo se les ocurrió que sería buena idea el cambiar la escritura cursiva por letra de molde para después arrepentirse y volver a la cursiva y así por dos o tres veces más, para los que pasamos por esos derroteros, el tener una letra más o menos decente se trató de un reaprendizaje qie nos llevó un buen tiempo, entre que tratábamos de hacer dibujitos lo más derechos posible y luchábamos por tratar de mantener el ritmo del dictado de los apuntes de cada materia.

He escuchado en varias ocasiones al visitar un museo donde se exhiben documentos escritos a mano, ya sean personales o públicos, que la letra que llena cada página es muy bonita, que ya no hay letras así pero el hecho es que nunca se dijo que algunos de los que se expresaron trataría de mejorar su propia letra; imagino dos causas, una, que no tienen tiempo de hacer ejercicios de caligrafía ni tendrían la intención de buscárselo y dos, que gozan esa especie de resignación para, al menos, tener un tema de conversación cuando estén en otro museo observando otro documento. No sé si la caligrafía en occidente fuera motivo de competición, no intuyo cómo se harían las reglas pero si existiera, sería muy atractivo ver el resultado del esfuerzo de niños (o adultos, por qué no) por mejorar su letra.

Si les propusiera hacer ejercicios de caligrafía, ¿aceptarían hacerlos? Piensen en ellos como los dibujos geométricos que ahora venden encuadernados para iluminarlos, los recomiendan los neurólogos para mantener en buen estado nuestro cerebro o esos otros que traen figuras también para darles color; creo que dibujar palabras podría tener un efecto similar el cual podría tener un propósito mayor pues con ello, resultaría que iniciemos una dinámica epistolar con alguien que también aprecie ese tipo de intercambio, serviría para regresar un servicio que tenemos casi en el abandono; está bien caminar junto a la modernidad pero no es digno el botar las cosas nada más porque son viejas, si todavía funcionan, hay que usarlos. Quién sabe, tal vez reencontremos el encanto del correo. Salud.

Beto

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