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| Menos se sabe qué hacer con lo que no se sabe. Foto: BAER |
Así como un escrito no publicado es letra muerta, el saber no compartido se anquilosa, pues nuestro cerebro no es una bodega en la que la inactividad no corrompe lo que almacena, por desgracia la memoria va cambiando conforme pasa el tiempo, por adaptación, por influencia o por olvido. La duda no pareciera tener razón de ser sobre lo que hacemos con lo que sabemos puesto que, lo aprendido en la escuela, está dirigido al desarrollo de las actividades que nos darán de comer, sin embargo, la cuestión va más allá de la simple aplicación de la teoría en la práctica, la intervención cotidiana de la ética y en algunos casos de la moral, hacen que a diario nos replanteemos las formas y las maneras en que actuaremos en cada evento donde pondremos en juego lo que los otros no saben.
Desde que entendimos que el conocimiento es poder, olvidamos que la parte operativa del mismo que es la sabiduría, tiende a ser la que obtiene los resultados ya que es ésta la que adapta a aquel a las circunstancias del momento, no nada más por conveniencia personal, sino porque sentará las bases en la consolidación o los cambios que se susciten en las relaciones. Las formas de trabajo, principalmente, son las que se ven mayormente beneficiadas o afectadas por los cambios tanto en el conocimiento como en el saber pues ahí, en los formatos, es donde se detectan las alzas o bajas de la producción, problemas como el ausentismo o la rotación de personal y, en menor medida, las dinámicas sociales externas, aunque suelen ser de interés para algunas empresas, por las tendencias en el consumo.
Para los de a pie, los que queremos progresar, ésos que el gobierno de la República califica de aspiracionistas (como si el trabajo honesto fuera pecado) sólo nos quedan dos veredas, aplicar lo aprendido en beneficio del grupo social al que pertenecemos -por una módica cantidad por supuesto- o intentar con ello la explotación de los demás en nuestro beneficio. Claro está, nuestro estilo sospechosista de mirar las cosas no nos permite ver que otros progresen mediante el trabajo arduo, pues toda ascensión en el status tiene que ver con alguna trampa; bases para pensarlo las tenemos, aunque también consideramos las atenuantes emanadas de la extorsión, muy difundida en el territorio nacional pero que, si somos optimistas, nos da la oportunidad de probar que el conocimiento lo vence todo. Salud.
Beto

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