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| Con un diccionario a la mano, por si las moscas. Foto: BAER |
Es cierto que la buena ortografía distingue a quien la porta en sus escritos, también lo es que facilita el entendimiento de los textos al no ocupar al lector en tratar de traducir una idea mal escrita, muy a pesar de aquellos que opinan que podríamos prescindir de ella pues el contexto nos daría la idea exacta de lo que queremos expresar, sin embargo, el español es un idioma en el que sus palabras se contextualizan solas en su mayoría, a menos que se juegue con ellas en un doble sentido pues para ello, los signos de puntuación tienen un papel muy importante al marcar los ritmos y las entonaciones de lo que vayamos a expresar. Además, habría que pensar que por algo hay un grupo regulador del uso de la lengua y también se inventaron las reglas para ello.
Para muchos de nosotros pudo haber sido una monserga el tener que aprender los usos de las letras, el orden de la construcción de las oraciones para después intentar entender las corrientes y los estilos de escritura, todo lo cual si no estudiamos Filosofía y Letras, lo habremos olvidado parcial o totalmente. Sin embargo, aunque varios de nosotros descubrimos tarde el gusto por la lectura y la curiosidad por escribir, más tarde, lo cierto es que se han vuelto rasgos de nuestra personalidad el cuidar las formas en las que nos expresamos oralmente y por escrito, más allá de la academia, tratando de establecer vínculos con otras personas a las que les apasionen los mismos temas o vean los mismos problemas en su entorno inmediato, individuos que no son difíciles de encontrar puesto que padecemos de lo mismo.
Bajo estas circunstancias, veo la oportunidad de conminarlos a encontrar a alguien con quien puedan revivir la bonita costumbre de usar el correo tradicional, si es más de uno, mejor; podrían al igual que yo, encontrarle muchas ventajas inclusive para combatir el Alzheimer. Piensen un poco en el beneficio social, volveríamos a dar sentido a la existencia de los carteros, a la impresión de timbres, a los blocks de hojas desprendibles, a los sobres, en fin, a la reactivación de una economía que aún no ha encontrado el porqué se detuvo, también daríamos otro valor a los bolígrafos (que extrañamente no se ha detenido) y para nada sería un paso nostálgico atrás, es más bien la esperanza de que vuelvan a activarse las neuronas adormecidas por el uso excesivo de la tecnología. Salud.
Beto

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