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miércoles, 6 de septiembre de 2023

Ser uno en el mundo

Ser único no es ser dibujado a mano. Foto: BAER

Irapuato, Gto.- La imagen de la unicidad que hemos cargado desde una concepción egocéntrica del universo, nos ha traído un conflicto que tiene que ver con la sobrevivencia como si estuviéramos dentro de una comunidad salvaje; Darwin lo explicaría mejor que yo, pero como lo veo, él no tomó en cuenta los sistemas de creencias para esquematizar su ley del más apto, antropológicamente hablando, por supuesto. El muy contradictorio ser humano, ése que grita a los cuatro vientos que es único e irrepetible, busca parecerse a alguien más, usando ropa de marca, yendo a los mismos lugares, uniéndose a grupos que lo uniformen y que le ayuden a sacar sus frustraciones atacando a otros que están en las mismas condiciones; aquel que afirma consumir lo que le gusta aunque lo haga más por recomendación que por exploración.

Sin embargo, ser único y mantenerse así es una responsabilidad muy grande pues aunque nuestros gustos, reacciones, filias y fobias nos definan, también somos un resumen cambiante de las personas que nos rodean, lo bueno del caso es que el número máximo de individuos en el clan para que éste funcione, no rebase veinte, al menos eso dicen los sociólogos. Claro está, es un promedio que puede bajar conforme avancemos en edad y como siempre, con sus muy respetables excepciones. Porque amigueros hay por todo el mundo aun con ello, presentan rachas en las que suelen cambiar de compañías y las personas que suelen frecuentar en primavera (por decir una temporada) no suelen ser las mismas que en otoño sea por cuestiones laborales, familiares o costumbres que comparten por periodos.

Estamos orgullosos de nuestra individualidad, aunque nos vistamos con las mismas ropas y aunque nos uniformemos de mexicanidad (lo que sea esto) bajo una casaca verde, pues la nacionalidad también se rige por las normas del individualismo ya que “como México no hay dos” y regiomontanos, tamaulipecos, yucatecos y campechanos, así como el Bajío y la Huasteca, compartimos la misma idea cuando no estamos en competencia entre nosotros; o no tenemos que calificarnos entre salmantinos, silaoenses, leoneses o irapuatenses porque entonces lo que importa, es señalar las diferencias, que las hay pero nunca nos tomamos el tiempo para limarlas, sólo se señalan porque ahí están. Sentido de pertenencia o de propiedad, no lo sabremos pues la aceptación la realizamos a cuentagotas.

La presunción de ser único tiene dos caminos, despertar admiración si es que a tal afirmación la acompaña un buen aparato publicitario y se tiene un buen producto para vender o la indiferencia general si no existe tal respaldo; en la ecuación, podemos cambiar respaldo por fama para entender la participación del público consumidor en la permanencia o desaparición de los famosos, lo que aplica en todos los ámbitos en los que se maneja el poder. Si pensamos en que ser único es sólo parte de la simbiosis con la colectividad, estaríamos a un paso de entender la interdependencia a la que nos insertamos una vez que iniciamos nuestra socialización, que no es la exposición a los demás solamente, sino es la participación activa de influenciar y ser influenciado dentro de nuestros círculos particulares. Salud.

Beto

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