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| No es necesario un plano académico para contar historias. Foto: BAER |
Lo olvidaba, el paso previo es convertirnos en buenos lectores, algo para lo que nadie nace pero para lo que deberíamos todos estar atentos, puesto que la lectura la realizamos no sólo sobre signos lingüísticos, sino sobre movimientos, ubicaciones, gestos, tonos y todo lo que sea factible de descripción. La palabra lectura nos remite necesariamente a los libros, dirán con mucha razón, sin embargo estamos equipados con sensores que nos permiten saber (por medio de una lectura especial) el nivel de riesgo en una situación, el tiempo exacto para fildear un balón o el enojo de las personas que estimamos y cada lectura de ellas tiene sus propios códigos y procesos; y hablando de procesos, el primer nivel de comprensión de cualquier evento, es saber cómo nos vamos a explicar a nosotros mismos aquello que estamos percibiendo.
En realidad no existe un entramado único que nos lleve a tener la lectura de lo que nos rodea, hay tantas como seres humanos -si no es que seres vivos- habitamos el planeta, lo que racionalmente podemos afirmar es que cada una se basa en el sentido al que demos prioridad, es decir, cuál forma se nos facilita para aprender. Quizá nos sea muy sencillo narrar un partido de basquetbol o detallar un color y la forma de los pétalos de una flor o de establecer los puntos de interés de una melodía; lo anterior sin contar con las texturas y los olores que podrían ser las sensaciones en las que menos palabras invertimos por lo que, encontrar sus equivalencias, sería un gran acierto y un logro en el camino al compartir las impresiones que nos produzcan. Leer, entonces, es la fórmula básica para establecer puntos de partida para la escritura.
Y aunque no son actos naturales (cuando convertimos en signos a la vida), tenemos la facultad de hacer propias las estructuras mentales que creamos e intercambiamos con los demás, que es lo que conforma el último nivel del entramado: identificar lo que nos gusta-saber leer-querer ser leído. Un escritor no se realiza hasta que se entera que tiene lectores, pues eso le crea el compromiso para seguir creando historias, teorías, propuestas o principios que con cada propósito, tenderá un puente hacia la educación propia y de los demás; escribir libera, hace que tiempos distintos converjan, que los lugares comunes se vean con distintos ojos y que los personajes adquieran nuevos rostros. Para escribir hay que aprender a leer, lo que implica agudizar nuestra capacidad de observación. Salud.
Beto

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