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miércoles, 29 de junio de 2022

IBDP El manejo de la responsabilidad

“Pase a la otra ventanilla, ése no es mi asunto”.
Foto: BAER

Irapuato, Gto.- Es un tema de educación en el que la herramienta didáctica principal es un espejo; El origen de la responsabilidad se encuentra en descubrir de qué somos capaces para bien o para mal y soportar sus consecuencias y por ende, establecer nuestros límites. No se trata de un estado de ánimo, sino de una disciplina, concepto que ha dado de vueltas en mi cabeza por alguna extraña razón, quizá sea la cercanía del sexto piso, lo que también me recuerda un esquema que manejaban los adultos jóvenes en la década de los setenta en referencia al cuidado de la salud, que refería a que vivirían sin tapujos y, si sobrevivían a los sesenta años, entonces empezarían a cuidarse, un plan atractivo cuando tienes trece, pero que se llevó entre las espuelas a varios.

Las cosas han cambiado, ahora se conmina a iniciar el cuidado en cuanto podemos ser responsables de nosotros mismos; desde la década de los ochenta del siglo pasado, la difusión de ejercicios para lograr y mantener una condición física aceptable se extendió gracias a los medios de información, el culto a la salud había retomado auge después de siglos de suponer que eso era tema de atletas exclusivamente, pero al parecer el entorno de la moda no permitió que todos lo creyéramos y las generaciones recientes crecieron con el anterior supuesto de que la libertad se ejercía destruyéndose de las más diversas formas posibles, porque las anteriores supusieron que, como ellas lo habían hecho, por ósmosis sus descendientes lo entenderían.

No estoy seguro si la palabra responsabilidad comparte raíz con respuesta pero si acaso las une el “responsum”, el empeñar la palabra adquiere toda la lógica del mundo; una definición redundante sería: responsabilidad es responder hasta la muerte. Hasta este momento estoy inventándolo, debo averiguar si hay algo de verdad en esa afirmación, pero sería una gran apelación al sentido común y al valor que cada uno diéramos a la propia persona. Responder dando la vida como prenda, parece una condición de las novelas decimonónicas heredada de la tradición caballeresca, la condena de don Alonso Quijano; por desgracia, la práctica ha venido cayendo es desuso por el incremento inmoderado de la prisa, media hermana de la “falta de tiempo” a la que invocamos con regularidad.

Porque el tiempo de andar inventándonos dioses ya caducó hace mucho y no creo que uno milenial, vegano, post-post moderno fuera tan paciente como para soportar tanta queja al mismo tiempo, además creo que establecería una burocracia tipo Seguro Social para obligar a sus fieles a desistir de sus demandas y conformarse con lo miserable de sus vidas. ¡Oh! Qué coincidencia. Pero bueno, lo más sano es sabernos vulnerables en algunos aspectos y fuertes en otros, lo que nos llevaría a la construcción de un mapa mental que nos lleve a atender con mayor ahínco aquello que urja de nuestros esfuerzos, con el fin de aprender a lidiar con los resultados; si son favorables, habremos ganado experiencia, si no, activaremos la imaginación para buscar alternativas. Salud.

Beto

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