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| Octavio, qué bueno que ya no viste esto. Foto: BAER |
De antemano aclararé que si con esto ofendo a algunas susceptibilidades, no pienso disculparme; ya basta de defender tarugadas de una supuesta ideología que más bien es una retahíla de ocurrencias para ver si “pegan”, ya que su único sustento es el imponer cómo se sienten en un universo artificial donde reinan el desorden y la ambigüedad. Tratar de definirse por un caprichoso cambio de aspecto no propone nada útil, sólo es la renuncia a aceptar lo que se es, como aceptar barbarismos en nuestros lenguajes sin buscar un equivalente en el español por el simple hecho de que nos da flojera y, peor aún, creemos que eso nos da clase. Otro ejemplo sería la utilización de los equivalentes en inglés de los nombres propios, creyendo que al sujeto del cambio se le hace un favor.
Ya que como sociedad hemos decidido, en todas las etapas de este México libre, no defender ni cultivar los idiomas mesoamericanos, al menos tengamos más respeto por el idioma que usamos a diario para intercambiar ideas, negociar, enamorarnos y hasta insultarnos y no confundir el deterioro con la evolución. Sé que es inevitable que integremos palabras de otros idiomas -principalmente del inglés- por cuestiones de avance tecnológico, pero no creo que seamos incapaces de adaptar o inventar en perfecto español sus equivalentes; más que nada, la oportunidad se nos presenta cuando esas nuevas palabras están creadas mediante siglas, es decir, por la combinación sonora de las iniciales de otras palabras como LASER (Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation).
En sí misma, en general, la moda es una forma cómoda de creer ser auténticos, a veces sin entender que sólo se repite un comportamiento extendido por simple imitación; formas de vestir, uso de artefactos, lugares de esparcimiento y caló en diferentes momentos no nos hacen únicos, sino que nos insertan en un rebaño distinto al que nos encontrábamos, pero rebaño al fin, con reglas, formas de vestir y de comportarse y hasta con castigos. No existe un solo grupo que no tenga un esquema de reglas que deba cumplir cada uno de sus miembros, por lo que el fatuo intento de hacer parecer “inclusivos” ciertos vocablos en un idioma que ya lo es por esencia, no es otra cosa que una moda poco sustentable que francamente raya en lo ridículo. Salud.
Beto

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