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miércoles, 23 de junio de 2021

De los documentos al campo

Investigar es fascinante desde que permite
encontrar soluciones. Foto: BAER

Si de lo que se trata es de experimentar lo que se siente el desarrollo de un fenómeno, entonces no queda de otra que entrar en contacto con él; lo que vaya a hacerse con un compuesto, un concepto o una comunidad compromete al investigador a involucrarse al grado de volverse uno con lo estudiado, la idea de mantenerse neutrales y objetivos, crea más incertidumbres que las que soluciona. Lo anterior contradice todos los manuales de investigación (al menos todos los que conozco), pero no por ello significa que optar por una postura con respecto a lo que se observa sea un pecado; a toda investigación entramos con una idea preconcebida, útil o no, que es germen de todo cuestionamiento que trazará el camino de la curiosidad.

Resulta casi imposible no involucrarse emocionalmente, menos en ciencias sociales o al menos conmoverse con lo que suceda a causa de lo que estemos provocando en la naturaleza, pues siempre habrá una respuesta directa hacia el investigador que, al final, respuestas son lo que busca. El chiste es saber cómo lidiar con lo que el trabajo provoque, porque la experiencia puede ser edificante pero también una afectación. Posiblemente debamos hablar de disposición en lugar de grados de neutralidad y de justificación en lugar de niveles de objetividad cuando deba darse razón sobre la relación entre los juicios previos y los resultados obtenidos.

Acordes al ambiente de la pandemia, los manuales establecen como criterio primordial de trabajo, una sana distancia entre el fenómeno a estudiar y la acción del investigador, entendiendo por ello, el acercamiento suficiente que no alcance a nublar la razón , es decir, sabiendo que de cualquier manera la interacción provocará ciertos ánimos, que éstos no sean tan profundos que impidan ver los acierto o los errores como tales. También, una investigación exige la honestidad absoluta para reconocer los propios alcances, tanto en facultades como en recursos, puesto que la aventura podría parecer fabulosa, pero incumplirla sería frustrante.

Pero investigar sí es fascinante desde que resulta una herramienta para conocer, proponer soluciones a problemas de cualquier tipo y hasta para realizar obras literarias, lo mejor de todo es que la averiguación -una de las partes de la investigación- ya puede realizarse desde la palma de la mano, evitándonos traslados engorrosos y empolvamientos innecesarios. A cada uno corresponde el optar por los niveles de averiguación, si se queda ésta en el uso de los buscadores genéricos como Google o entrar a las páginas especializadas de bibliotecas, hemerotecas o las instituciones dedicadas al ramo  de nuestros intereses. La variedad es infinita. Salud.

Beto

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