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| “Abogado, defiéndame bien a mi muchachito de esas peligrosas hormigas”. Foto: BAER |
La última afirmación no es del todo cierta, sólo es una apreciación dado lo eternos que se vuelven los juicios, sin importar el tipo de delito; lo que sí impacta es el tipo de delincuente, pues los profesionales en el asunto tienen toda la información para evitar enfrentar las consecuencias de su proceder. ¿Será esta sociedad el producto de la educación-instrucción académica que conservamos? La obligatoriedad de la vida escolar ha fracasado entonces, puesto que no ha sido la panacea del México independiente que se pensaba en el siglo diecinueve o quizá, los contenidos no han tenido la fuerza suficiente para impactar positivamente en las conciencias de los discentes.
La didáctica de los derechos en general parece entender a los depositarios de los mismos como químicamente puros bajo cualquier circunstancia, dejando de lado que la comisión de un delito significa la renuncia de tales derechos. ¿Por qué alguien que se pasó por sus reales escrotos debe considerársele digno de exigir derechos? Está bien, la aplicación del “ojo por ojo” sería un retroceso en lo poco civilizados que somos, pero no es posible que un delincuente goce de privilegios por encima de su víctima. Una parte de esa laguna sería la concepción de la delincuencia; de niños era un pecado imperdonable acusar a un agresor por considerarse débil al denunciante,
La segunda parte de esa misma laguna es la desconfianza en la palabra; a nadie se le considera portador de la verdad en primera instancia y, la tercera, el miedo a la venganza, puesto que seguramente el afectado de la denuncia será un débil mental que buscará un pretexto para sentirse agredido. Así tenemos entonces, a bromistas y bravucones en las escuelas, raterillos en las calles, asaltantes territoriales y asesinos que buscarán el cobijo de una ley que no sirve para mantener el orden, sino para solapar actos vandálicos en contra de una sociedad incapaz de imponer su idea del bien y a la que hacen pensar más en el bienestar de un asesino. Salud.
Beto

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