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miércoles, 13 de enero de 2021

Mirar hacia el observar

Aún no entendemos lo pequeños que somos
ante la naturaleza. Foto: BAER

El mundo fue naturaleza pura hasta la imposición de la razón; la separación del hombre de la naturaleza es una acción arbitraria en la que prevalece, como adecuación antropocéntrica, la transformación del entorno. “El hombre es la medida de todas las cosas” afirmó Protágoras en un intento por colocar a la obra humana como el fenómeno creador más importante después de la aparición de la vida en este mundo; dado que no hay (por el momento) otra especie que pueda refutar tal afirmación en ninguno de los idiomas conocidos, el agandalle por medio del arbitrio queda vigente y seguiremos dando a nuestra forma de razonar, la importancia que le conferimos aunque sea artificial.

Trataré de explicar lo anterior, efectivamente razonar es una acción natural emanada de las conexiones sinápticas en nuestros inquietos cerebros, sin embargo, la valoración que hacemos de ella está a todas luces, fuera del contexto de la naturaleza, así también lo que hayamos producido para su transformación. Desde la manera de construir viviendas, hasta la desviación de los cauces de los ríos, todo lo que hacemos está dirigido a la satisfacción de nuestras necesidades tomando en muy poca cuenta, la afectación del entorno y a las especies que lo habitan restringiendo cada vez más, el desarrollo armónico de los ecosistemas que invadimos.

Tomemos como ejemplo alguna planta o algunos insectos como hormigas o alacranes; por supuesto que lo primero que hacemos al escoger un terreno para construir viviendas es “limpiarlo” de maleza (imagino que esta palabra es una contracción de “mala naturaleza”), algo que decidimos porque las plantas allí establecidas, no representan alguna utilidad económica y, por tanto, estorban. La primera imagen está dada, sin darnos cuenta que quizá, la limpieza no se realizó al cien por ciento por lo que habrán quedado residuos capaces de volver a germinar. Los insectos que de ellas se alimentaban, desaparecerán buscando otros terrenos que les provean de lo necesario para subsistir.

Terminada la construcción, queda plasmada la segunda imagen donde los humanos nos disponemos a disfrutar de “nuestro” nuevo espacio, pero la naturaleza es tan terca como sabia y retoma siempre su curso. Aquellas semillitas que sobrevivieron a la devastación, aprovechan cualquier resquicio y emergen nuevamente reclamando lo que se les arrebató, con lo que las otras especies vuelven también a reorganizar la cadena alimenticia que prevalecía antes de la llegada del invasor. La tercera imagen se complementa con el estupor de gente que no entiende la aparición “repentina” de esas plagas, lo que le obliga a utilizar pesticidas que a la postre, dañarán a los bichos tanto como a su obra. Salud.

Beto

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