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| En una sociedad sin licencias, un señalamiento es una invitación a la desobediencia. Foto: BAER |
Habitar este mundo debería ser garantía de vivir plenamente, en cualquiera de las formas de fabricación de productos o intercambio comercial que nos inventemos para lo cual, desde casa y en la escuela se debería tener una real preparación para la inserción de los nuevos individuos al mundo laboral y la convivencia sana. Si lo anterior fuera cierto y se diera en nuestros días, ¿en dónde aprendemos a hacer trampa? ¿En dónde a insultar? En tiempos en que mis abuelos eran jóvenes, se decía que todo lo malo se aprendía en la calle, un concepto tan universalizador como ambiguo, en la consciencia colectiva era poco más o menos el sinónimo perfecto de infierno.
Es dentro de esa ambigüedad en la que se acuñan los términos duales que al mismo tiempo son perversos y virtuosos, pues así como “andar en la calle” implicaba perdición, también era motivo de orgullo haber asistido a la “universidad de la calle”, toda una institución a la que más de uno ha presumido, pero que en su “currícula” no incluye la civilidad, tan sólo al sobrevivencia. Es esta última la que llama más la atención por nuestra tendencia a replicar el mito de Cenicienta, más que reconocer una vida recta y de trabajo de principio a fin. En ese tenor, aplaudimos al que en el fútbol, finge una falta en el área calificando la acción de inteligente o pícara siendo sólo una farsa.
Así, pasarse un alto, quedarse con dinero que por accidente o descuido, se nos dió de más a la hora de un pago, colarse en una fila, encuentran justificación en que las minimizamos pues, como sea, no son acciones en donde vaya la vida de poe medio pero... ahora que las neurosis se anteponen al raciocinio, los asaltos, las violaciones, los asesinatos también se han vuelto parte de la vida cotidiana en la que encontramos consuelo mientras ese caos no nos afecte en directo. Si eso tangible no nos conmueve ni nos obliga a tomar acciones en su contra, menos algo que no logramos percibir como una pandemia. El civismo quedó como una nota al margen en los libros de texto. Salud.
Beto

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