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| Aula más silencio, sólo en cuarentena. Foto: BAER |
Ahora que he recuperado parte de mi estudio, aunque mínima, me he permitido poner en perspectiva la valoración que hasta la fecha había hecho de él; poder usar el escritorio justo para lo que fue fabricado me deja la sensación de hacer lo correcto, algo que seguramente comparto con herreros, carpinteros, plomeros y todos aquellos hacen buen uso de sus herramientas.
La importancia de los espacios escolares viene a ponerse en tela de juicio en la medida en que los resultados que habrán de obtenerse sean similares a los que comúnmente se logran cuando los niños asisten a las aulas. Esto no implica que sea inútil esa asistencia en cuanto a los posibles aprendizajes en aspectos de convivencia y socialización de actitudes, todo lo contrario.
El aprovechamiento en la aprehensión de contenidos, puede que no tenga mayor dificultad que el lograr la atención hacia una pantalla, como paliativo a la figura del maestro, pero en lo concerniente al desarrollo de las inteligencias inter e intra personales, el panorama se presentaría algo nebuloso por la falta de contacto con sus pares, esto es, el desarrollo de habilidades en la comunicación.
En sí mismas, las edades tempranas requieren de ser incentivadas y guiadas en los procesos de convivencia fuera de los círculos familiares, algo que solventamos con la naturalidad de la rutina y, a causa de la contingencia, hemos tenido que parar indefinidamente, poniéndonos en una situación imprevista en donde no podemos tomar el papel que corresponde a un menor.
Pues, por mucho que tomemos actitudes de juego o lo que consideremos divertido, a los ojos de un infante no apareceremos como iguales. Lo mismo pasará con los espacios; el salón de clases, una vez apropiado en la cabeza infantil, no tendrá cabida en la casa donde los tiempos y las dinámicas son distintas y tan ajenas, como el exclusivo círculo de amistad. Salud.
Beto

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