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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Brechas más grandes

Obsolescencia aulico-tecnológica.
Foto: Baer
A veces parece que la confianza no abunda en el aula; por un lado, quienes reciben la información que se imparte, deben luchar contra el prejuicio de que están encerrados en un lugar que no responde a sus más inmediatos intereses, los cuales en muchas ocasiones, distan de los objetivos planteados desde las instituciones, es decir, no les interesa atender.
Por el otro, un adulto encargado de un grupo en estas condiciones, puede ver sólo los efectos de un comportamiento que está lejos de ser adecuado para que se haga entender o, por lo menos, que lo que diga sea escuchado. Es un enfrentamiento entre la búsqueda de sensaciones en contra de una imposición del entendimiento.
Aprender cómo se siente es mucho más impactante en edades tempranas, lo malo es que siempre es inmediato y con poca adecuación para la memoria a largo plazo; el entendimiento per se, es interesante, pero requiere de disciplina y concentración algo que parece hacer de lado la memoria a corto plazo. Un mismo objetivo, pero caminos diferentes.
Las nuevas tecnologías de la información podrían ser un instrumento de aprendizaje que reuniera a ambos caminos, sin embargo, junto con la desconfianza existen los prejuicios. Los muchachos creen que los adultos nunca entenderían los funcionamientos de los aparatos a su disposición y, por ende, la importancia que priva en ellos y los adultos, piensan que en sus salones no son otra cosa que una pérdida de tiempo. Aulas discordes a la tecnología. Salud.
Beto

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