| Desde el simple hecho de escribir lo que se piensa, es un problema. Foto: Baer |
La vida nos pone retos cíclicos, nos acostumbramos a ellos y pensamos en solucionar los problemas de igual manera; los ciclos escolares nos sirven de referencia para entender lo que debería, al menos, ser nuestro desarrollo intelectual, porque del afectivo mejor no hablamos. Los resultados en ello no son siempre lo mejor y, algunas veces, ni siquiera lo que nos propusimos.
Con sus muy dignas excepciones, cada ves que terminamos un ciclo nos queda la sensación de que algo nos faltó, lo malo es que no se trata de una carencia surgida desde nuestra necesidad de aprender sino de la costumbre de ser guiados como ciegos. Explícita o implícitamente, cada grado pensamos en quién nos guiará en el siguiente.
Eso significa que no se nos prepara ni se está preparando a las generaciones actuales a saber explorar nuestras posibilidades como seres integrales, seres que tengamos una base concreta de la cual proyectarnos después hacia los intereses o las perspectivas que nos interesaran. Se nos enseña (quizá sin proponérnoslo) a depender de alguien más.
Y he aquí el concepto que podría entrar en discordia: "independencia". Desde algún tiempo, el término se ha tergiversado de tal manera que se ha convertido en una serie de conceptos informes y poco detallados que crean confusión. Hace treinta años, una generación no puso atención a lo que sus antecesores lograron y sólo asumieron que lo obtenido, lo merecían. Mala idea. Salud.
Beto
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