| ¿Qué cobija nuestras decisiones? |
Hay algo en lo que es inevitable ser autodidacta: saber vivir. La fortuna y la casualidad son monedas comunes para tratar de explicar tanto las decisiones correctas como las erradas, lo que quita algo de la responsabilidad por los triunfos o los fracasos que se obtengan y más que nada, los segundos pues es más cómodo y produce mayor empatía echarle la culpa a algo ajeno a uno mismo.
Es cierto que existen situaciones que no dependen de la voluntad individual y que, por las convicciones que tengamos, hacemos ver a los demás que fuimos bendecidos o castigados por nuestras acciones esto quizá, para no tener que enfrentar al más tirano juez que pudiéramos tener y es nuestra conciencia pero, ¿cómo aprendemos o quién nos enseña a enfrentarla?
No hay clases para ello, por supuesto; las tareas son inexistentes y no hay prórroga para los "trabajos" que ella deja, la entrega del "reporte" es única y en un tiempo específico. Ni siquiera da un temario para presentar los "exámenes" que, por lo general, son sorpresa donde implacablemente la calificación es exacta, justa, determinante y brutal.
Para quienes nos ilusionamos alguna vez con vivir sin restricciones, con reglas laxas, sin preocuparnos por el mañana ya que el día a día nos ofrecía más misterio, nos encontramos ahora pontificando sobre los beneficios que tiene el planear, ya que nos hemos dado cuenta de que las coincidencias con los demás son cada día más espaciadas y difíciles de lograr.
Así entonces, ya no reaccionamos visceralmente a desencuentros, a logros, a fallas (aunque hay sus excepciones), hacemos una lista de prioridades que tenemos presente todos los días (pero que podríamos dejar de lado), nos preocupamos por lo que haremos al día siguiente (aunque añoremos vacaciones) quizá por el temor de ser calificados de inoperantes. Salud.
Beto.
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