| Si no son las herramientas, entonces ¿qué falta? |
La pobreza en la educación no puede ser medida sólo con los recursos con los que se cuenta y aunque para algunos la expresión "recursos humanos" no les es muy grata, la verdad es que se trata de un término que refleja cabalmente las intenciones de nuestro sistema educativo. Somos un gran productor de mano de obra, un productor mediano de emprendedores y un pobre productor de gente que cuestione nuestras realidades.
El conformismo ha alcanzado nuestras aulas a tal grado que las expectativas de maestros y alumnos se quedan en simplemente pasar un examen de forma eventual o la consecución de un papel que los avale como algo de lo que quizá, no están convencidos. Eso sin contar con que han olvidado las formas que se deben guardar en un salón de clase. Tanto la imagen del docente como la del recinto que ocupa, se han deteriorado al grado de que nadie da crédito porque sea un lugar de aprendizaje; por el contrario, se ha transformado en una guardería de jóvenes que no tienen el tiempo de calidad suficiente para convivir con sus padres.
No culparé sólo a los adultos, pues la imaginación de los noveles también ha sufrido transformaciones que los tienen en estadíos fuera de un contexto real a sus situaciones. Se han convertido así, en apéndices de los distractores ocasionales y de moda, de esos entretenimientos pasajeros que, al final, sólo les deja un vacío emocional. Estamos en un círculo vicioso.
Beto.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario