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| Cuando se piensa, se compite contra uno mismo. Foto: BAER |
El pensamiento es una sucesión de imágenes, no de textos y no puede ser de otra forma puesto que tanto auditiva, visual y hasta olfativa, gustativa y táctil creamos fotogramas de lo que nos rodea, que tengamos la facultad de convertirlas en palabras no hace que pensemos como si nuestra mente fuera un teletipo o un telepromter; es más factible imaginar que dentro de la cabeza tenemos un proyector. La imagen es entendible puesto que en nuestra vida cotidiana, estando despiertos, todo el tiempo vemos y es difícil bloquear la vista, no así la audición. Tampoco estamos hablando todo el tiempo; con las letras pasa algo semejante, si hay un libro frente a nosotros, lo que vemos son páginas escritas, pero debemos poner otro tipo de atención para leerlas.
Ese mecanismo funciona también al revés, traducimos lo que leemos o escuchamos en imágenes para facilitarle al cerebro el almacenaje; lo que pensamos está en función de lo que memorizamos puesto que el pensamiento es el combustible del conocimiento, tomamos las imágenes que nos sirven para hacer nuevas observaciones, reacomodar conceptos, adaptar situaciones y resumir perspectivas, decimos que conocemos cuando nuestros procesos mentales ya pasaron por una de estas aduanas y lo producido salió bien librado. El acto de escribir se guía por todo lo anterior para atestiguar que éste se llevó a cabo, que el pensamiento dejará prueba de su existencia para no convertirse en un acto de fe, permanecer en el tiempo y tocar otras conciencias que se unan por el ritual de la lectura.
El ciclo se reinicia dado que es posible que otro escriba sobre lo ya escrito con base en lo que pensó al leerlo; el conocimiento gira en espiral pues siempre habrá mente nuevas que encuentren utilidad en lo afirmado en el pasado, que tomen referencias para que repitan lo vigente y renueven lo que vaya en pleno camino a la obsolescencia. Pensar es el único ejercicio en que el propio jugador se crea a sus contrincantes, los analiza y les encuentra sus debilidades y aun así, se sorprende de lo sencillo o complicado que haya resultado superarlo, ah, pero nunca lo vence, cuando mucho quedan tablas porque la derrota tampoco existe de este lado. El producto obtenido, el pensamiento, quedará listo para una nueva jornada y un nuevo contrincante. Salud.
Beto

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