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| La escritura nos permite repetir lo acontecido y olvidarlo. Foto: BAER |
Pues bien, si lo que escribimos no es lo último que se afirmará al respecto, ¿qué sentido tiene dar un cierre? Es la indicación de que nuestra investigación u opinión llega hasta ese punto determinado que, posiblemente hay otros puntos de vista para con ello, pero que eso correspondería a otro tiempo u otra persona, además es la aceptación de que el conocimiento cambia, por lo que nuestra aportación no será la apropiación de ese conocimiento, aunque ésta durara décadas más allá de nuestra muerte. La misma suerte tendrán las obras literarias, pues los temas, aunque ya han sido definidos desde la antigüedad, cada escritor tendrá su versión propia de ellos, por lo que la producción escrita vendrá siendo una cadena interminable de opiniones.
Y los reinicios son eso, eslabones que darán forma a líneas de pensamiento que se conjuntan en visiones regionales que, con el tiempo, darán sustento nuevo a la cultura que les dio origen aportando en gran medida, los puntos de vista que hacen falta para completar un cuadro temporal. Recordemos que las culturas se transforman y adecuan a las visiones que van surgiendo en la marcha respecto de nuestras formas de entender la vida y nuestro entorno; encontrar las ideas, los comportamientos, las construcciones o las producciones que nos permitan explicar lo que está sucediendo al momento, requiere de dar un “punto y seguido”, una pausa a lo descrito o criticado, para indicar a los demás una posible continuación en el mismo tenor o en una dirección completamente distinta.
Tomando en cuenta mis propias apreciaciones, debo comenzar a despedir este escrito tratando de ubicar que un final en este momento no significa que yo vaya a dictar algo que deje sin palabras a los demás, por el contrario, pretendería que fuera la invitación a que otros retomaran el tema de la escritura experimentando con varios temas a la vez, con el fin de medir sus posibilidades o su paciencia. Más allá de lo artístico, escribir resulta terapéutico en la medida en que nuestra imaginación y nuestra preparación se funden para mostrar lo que nos ha impresionado, lo que nos haya hecho sucumbir y lo que nos apasiona, en pocas palabras, lo que nos haya hecho vivir. Y así como recordar es volver a hacerlo, escribir deja constancia de lo vivido, en la manera en que fuimos capaces. Salud.
Beto

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