Bienvenidos

Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

El oficio de la madurez

Empieza a ser insuficiente la idea de que hay
que estudiar para vivir mejor. Foto: BAER

A dos días de comenzar otro año se impone la revisión de lo aprendido en este 2020 que ha puesto a prueba nuestra paciencia; los contenidos académicos nada más tienen que enfrentar la contingencia de los medios a usar para hacernos llegar la información, pero la cotidianidad tuvo que ajustarse a las características de cada grupo que conformamos ya sea en casa o n el centro de trabajo, si nuestra actividad es esencial; de todas las circunstancias en las cuales hayamos estado inmersos, la que nos puso en una misma plataforma fue el enfrentar a la muerte, sin una idea clara ni las armas lo suficientemente confiables como para mantenernos calmos ni confiados.

Sin poner en duda el grado de madurez de la población (incluyéndonos), cabría preguntarnos ¿ya nos quedó claro el uso del cubrebocas? ¿Ya, después de doscientos años, entendimos el lavado de manos? Para muchos resulta evidente y hasta tendrían explicaciones académicas para realizarlos, sin embargo, no falta el que tapándose únicamente la boca, lo explica por el nombre, para no cubrirse la nariz; o decir que no se ha estado tomando cosas en la calle como para estar lavándose a cada rato, sin tomar en cuenta que, no por estar alertas por la actual pandemia, dejaron de existir las demás enfermedades. Hay que recordar que aún somos un país aquejado por enfermedades gastrointestinales.

Lo anterior responde a la rebeldía adolescente que evidenciamos, como sociedad, en cada acción que llevamos a cabo, en las que tratamos de imponer nuestra voluntad rechazando cualquier cosa que nos suene a imposición. Oponernos es un deporte que tiene a la contradicción como primera regla; es más importante tener razón que descubrir aprendizajes, pues éstos se obtienen de las enseñanzas más que del trabajo de averiguación de contenidos útiles a nuestras necesidades particulares, por lo tanto, el obtener un número por el ejercicio de la memoria es la imagen del triunfo y no el saber qué hacer en la vida con toda la información acumulada de manera aparentemente progresiva.

En el día a día no hay calificaciones, no existen plazos de entrega para pasar el año, no hay prórrogas en la sobrevivencia, mucho menos para la alimentación de los dependientes de nuestros esfuerzos. Los cobros y las sanciones son inmediatos y diario ponemos nuestra credibilidad a la disposición de los demás; en la medida en que resolvemos cada problema, será el grado de madurez que nuestros semejantes nos otorguen. En ese sentido, madurar es un oficio en el que no nos volvemos maestros, los grados no son claros ni hay una escala estandarizada que lo regule, no obstante, el parámetro al cual recurrimos es la confianza que generemos en los demás. Salud.

Beto

No hay comentarios.:

Publicar un comentario