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| Las condiciones están dadas para un nuevo curso en el torrente del conocimiento, Foto: BAER |
La imaginación, como herramienta de aprendizaje, puede ser maravillosa; nos conduce por caminos que creíamos olvidados, hasta los transforma y adorna con elementos que quizá no les pertenecen pero que les sienta muy bien. Complementa lo que aceptamos como leyes o de plano, las sustituye hasta vislumbrar órdenes que transformarían nuestro desarrollo y nuestras relaciones sociales.
Una pandemia tuvo a bien ponernos en una situación que nuestra imaginación no le daba cabida (algunos siguen sin dar crédito) y ahora debemos revisar lo que sabemos y replantearnos nuevas formas de aprendizaje. Desde la perspectiva de Elena Martín Ortega, catedrática de Psicología Evolutiva en la Universidad Autónoma de Madrid, se trata de aprender a aprender.
Aunque la afirmación de la maestra Martín Ortega se refiere a las actividades intramuros, debemos entender que los fines últimos como resultados de dichos aprendizajes, deben aplicarse en la vida cotidiana dadas las competencias que nos hacen funcionales en sociedad. En otras palabras, es una actividad metacognitiva que integra, además de elementos cognitivos, también afectivos y sociales.
Y estos últimos son los que nos importarán una vez que se encienda el semáforo verde en cada entidad federativa; todo lo que a lo largo de la contingencia ha sido una recomendación, ahora será un estilo de vida. A algunos podrá parecerles insulso o hasta insultante, pero no estará de más atender a los cambios que se presenten. Salud.
Beto

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