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Dentro de lo que cabe, un salón virtual debe ser un espacio donde fluyan las ideas, una cava del conocimiento o en su defecto, una alacena de información gourmet.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Transición tecnológica

¿Qué bastiones quedan para estar totalmente
atrapados? Foto: Baer
El futuro nos está alcanzando nuevamente y la convivencia áulica parece ir en retirada; me topé en la red con un servicio de enseñanza a distancia que vuelve tangible, en parte, mi predicción sobre la posible desaparición de la escuela como la conocemos hasta ahora. La educación vía red comienza a ser más clara y se observa su oportunidad de desarrollo con mayor nitidez.
La comodidad de un curso en línea no está en juicio, basta tener la disposición de prescindir del contacto directo con profesores y compañeros para incursionar en un mundo sólo explorado en el solaz. Las capacitaciones de cualquier índole están al alcance ya, de un click, como versan algunas publicidades, pero mi ánimo de ser controversial no deja de observar ciertas cuestiones.
Fantasía de por medio, ¿qué tal si esta ventaja tecnológica fuera un intento de hacer de nuestras sociedades sólo una masa de individuos? Es decir, hemos estado transformando algunas prácticas físicas en virtuales, por ejemplo, el simple hecho de conversar. El semianonimato que provee una pantalla, puede servir de desinhibidor para expresarnos, lo cual puede ser tan positivo como negativo.
Es cierto, para una clase virtual, lo anterior significaría una oportunidad para aquellos que no suelen arriesgar su opinión en forma presencial, pero tampoco garantiza la certeza o compromiso con lo expresado. Si a este panorama le mezcláramos con la sensación de inseguridad que priva en el país y todos optáramos por estudiar y trabajar a distancia desde nuestras casas, entonces estaríamos sumergidos en dos cárceles. Salud.
Beto

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