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| Cuestión de costumbre para obtener un título a distancia. Foto: Baer |
Esta vida empieza a parecerse a una fiesta de barrio, cambian los ritmos en que debemos bailar al son que se le antoja al organizador; las nuevas tecnologías parecen dictar cómo debemos movernos y a qué debemos reaccionar, sin importar que nuestros intereses estén acordes a los cambios que éstas imponen, creyendo al mismo tiempo que saben cuáles son nuestras necesidades.
Son ellas, junto con otros elementos como la violencia, las que parecen delinear el futuro de la educación en el mundo; en un alarde de clarividencia, me atreveré a dibujar un esquema que me ha dado vueltas en la cabeza y tiene que ver con lo que he llamado la desaparición del aula como la conocemos hasta nuestros días.
El miedo de salir a la calle, aunado a los ensayos que instituciones educativas incluidas la UNAM en cuanto a la instrucción a distancia vía la red, nos presentan un panorama donde el traslado hacia un edificio para recibir la información suficiente que nos convierta en un individuo útil y responsable para la sociedad, puede quedar en el olvido.
Ya hay a nuestra disposición un menú de opciones donde podemos optar por los contenidos y los tiempos en que queremos ser instruidos, con todos los beneficios y las ventajas de convertir cualquier espacio en un salón de clases y cuya validez no deja lugar a dudas. Lo único que necesita este sistema para lograr la globalidad total, es que los usuarios de la red creamos en ello.
El futuro que imagino, entonces, es la desaparición del aula ya que será factible un sistema donde cada profesor se inscriba bajo el auspicio de alguna casa de estudios y ofrezca sus servicios, páginas donde el futuro alumno se inscriba por conocimientos o simpatía y reciba así, una instrucción personalizada. Como en Grecia, nada más que mediante una pantalla. De pensarse. Salud.
Beto

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