| ¿Cuánto aprendimos, podemos contabilizarlo? |
Es tiempo de evaluar los avances, las metas y, por qué no, las frustraciones; según sea el sistema, los periodos vacacionales ya habrán comenzado o empezarán en algunas semanas, lo que nos viene muy bien después de casi diez meses de enfrentar dudas, contraposiciones y flojeras. Porque las hay y se ponen en fila como esperando que les despachen las tortillas.
Desde hace algunos años, las metas propuestas entre los actores de la educación formal, tienen que ver más con la obtención de un comprobante que el realmente haber invertido el tiempo en aprender. Si se me permite, diré que tiene que ver también con el intentar crear más refacciones para un sistema laboral que no busca humanos, sino piezas para las maquinarias industriales y mercantiles.
Me refiero a la utilización del sistema de competencias, que presume de rasgos humanistas pero que sólo solapa las deficiencias con las que sale la mayoría de los educandos del país. Tan sólo un ejemplo: los libros usados en las diferentes materias son un gasto inútil de papel, pues cuentan entre sus páginas con textos minimalistas seguidos de tres a cinco preguntas que se contestan con tres vocablos.
O peor, las preguntas son de opción múltiple, donde el máximo esfuerzo mental que debe hacer el alumno es cruzar una letra. Así, sólo el cincuenta por ciento de las páginas invertidas son utilizadas, mientras que el otro cincuenta sirve nada más para hacer bulto en las mochilas. El problema se presenta cuando se les encarga que redacten un texto con sus palabras. Intenten revisar un texto escrito únicamente con "X". Salud.
Beto
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