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miércoles, 9 de septiembre de 2026

Historia ajena

A los personajes poco conocidos, los metemos
en el mismo costal. Foto: BAER vía Meta AI

Irapuato, Gto.-

1. Los vikingos. Como en toda esa información que nos llega incompleta o por los medios menos adecuados, cuando pensamos en vikingos, inmediatamente imaginamos a bárbaros gigantes de dudosa cultura, rubios vestidos con pieles a medio curtir y cascos con cuernos que deberían haber formado un solo pueblo pero que son tres países distintos, Dinamarca, Suecia y Finlandia. Aquí pudiéramos preguntarnos, ¿si son tratados todos con su nombre antiguo y ellos mismos lo aceptan así, qué diferencias pudieron tener para no conformar una misma nación? Quizás el idioma, posiblemente los rasgos culturales o más seguro, la denominación que los uniformaba en la antigüedad que los aglutinaba artificialmente, como lo hicieron los romanos, precisamente con «los bárbaros del norte».

2. La gran Rusia. Desde este lado del mundo su historia brinca del poder zarista al socialismo y de ahí, a la caída del muro de Berlín, lo que no abarca más allá de ochenta y cinco años, mientras que lo acontecido en los milenios anteriores pasa inadvertido; la razón de tal ignorancia se asienta en el supuesto de que lo sucedido del otro lado del mundo, difícilmente nos afecta ya sea por las distancias, por los idiomas o el poco contacto con esos pueblos, sin embargo, lo mismo podríamos afirmar de los países de Centro América a pesar de compartir con ellos el continente, el mar, el idioma y un contacto continuo; lo que en realidad sucede, es que mantenemos un relato egocéntrico en el que sólo alcanzamos a ver los eventos en la inmediatez geográfico-temporal en el que los pueblos rusos tienen poca injerencia y nula participación.

3. El lejano Oriente. De los países donde sale primero el sol, según la convención, nos llegan leyendas antiguas o versiones de un estilo de vida que, a pesar de que nunca lo hemos visto de cerca, suponemos que viven en condiciones infrahumanas o en economías de guerra, a pesar de que a diario nos quejamos de una invasión china de productos chatarra, de automóviles coreanos y de las ideas expansionistas rusas. La verdad es que poco contacto cultural tenemos con esas latitudes, por lo que suponemos además, que todos los chinos se parecen, que los coreanos sólo saben de música banal o que los rusos hacen todo mecánicamente. No nos hemos dado la oportunidad cuál es su particular riqueza cultural más allá de BTS, Dostoievski o Jackie Chan.

4. Por eso no entendemos. Puede ser falta de tiempo o poca planeación para consumir información en los diferentes medios en los que tenemos acceso, quizá también el hecho de que cada uno de esos medios nos atiborran de datos inútiles para comprender a este mundo, basados en la violencia y la incertidumbre lo que, por efectos de la saturación, nos hace cerrarnos a todo aquello que no nos brinde algo utilizable en los primeros diez segundos, quizá menos. Aquí no me atreveré a afirmar que esa información debe enseñarnos algo por fuerza, pero tampoco negaré que en realidad, muy pocos de esos medios se esfuerzan en hacerlo; hemos sobrevalorado el entretenimiento, posiblemente por la proliferación de actividades monótonas y en compensación del aburrimiento crónico resultante. Salud.

Beto

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